¿Qué hacer frente al bullying escolar?

Servicio de Salud Mental Pediátrica - Dr. Fernando Zan 

¿Qué es el bullying?

Es un término que deriva del inglés y que significa “hostigamiento entre pares”. Es una conducta agresiva, a veces manifiesta y otras solapada, sistemática y sostenida en el tiempo contra una o más personas.

¿Cuáles son los tipos más frecuentes?

El hostigamiento, la agresión física, las amenazas, contar mentiras o manipular el entorno para excluir o perjudicar a la víctima. Las redes sociales no están ajenas a este problema, son espacios propensos a la mentira y la usurpación de identidad. A esto se lo conoce como cyberbullying. Los agresores virtuales utilizan internet para hacer creer a sus víctimas afirmaciones que no son ciertas, poner a la gente en su contra o agredir a otro en su nombre para generar una pelea. Es una forma de manipulación más sofisticada y sutil porque generalmente se utilizan nombres falsos con la idea de perjudicar a un tercero.

¿Cómo hace un padre para saber si su hijo es víctima?

No siempre es evidente, incluso para los mismos chicos que suelen sentirse avergonzados frente a situaciones de desvalorización, agresión o ultraje a las que son sometidos. Es común que no digan nada y lo tomen como una dificultad propia; no piden ayuda o la piden y los padres -por desconocimiento, falta de comunicación o por normalizar una práctica que no debe ser naturalizada- no los escuchemos ni tomemos en cuenta el malestar profundo que pueden sentir en esa situación.

¿Cómo se los puede motivar para expresar lo que sucede?

El bullying puede y debe ser prevenido y para eso hay que trabajar con los alumnos, las instituciones y los docentes. Pero de manera especial con los padres: debemos reconocer y escuchar a nuestros hijos, estar dispuestos afectiva y emocionalmente a contener su sufrimiento y ayudarlos de la forma correcta. Sin darnos cuenta solemos aconsejarlos con estrategias inadecuadas, como por ejemplo: “andá y golpealo”,“defendete”, “sé hombre” o “no llores por cualquier cosa”. De ese modo los dejamos solos o incluso los re-victimizamos porque los enfrentamos a una situación que no pueden manejar.

¿Y con las escuelas?

Las instituciones y los maestros tienen que estar entrenados o por lo menos alertas ante este fenómeno. Cuando hay hostigamiento, hay un agresor, un agredido y una mayoría silenciosa, cómplice y pasiva; a veces son los mismos pares quienes no quieren meterse por miedo a convertirse en víctimas.
En otros casos son los docentes que no entienden, no se dan cuenta o no quieren hacerse cargo y miran para otro lado. O los padres, que en oportunidades no reconocemos o no sabemos cómo actuar frente al sufrimiento de un hijo. Lo adecuado es hacer campañas de prevención institucionales donde se trabaje en conjunto para concientizar y brindar estrategias o herramientas para prevenir o disminuir el acoso escolar.

¿Cualquier niño puede ser agresor?

No existe un cuadro psicopatológico particular, no es una enfermedad, pero en general el agresor de alguna manera es víctima del sistema; también se siente afuera y muchas veces utiliza esta situación de mayor poder sobre otro para destacarse, hacerse notar o ganar seguridad. En general son chicos con algún tipo de dificultad social o distorsión cognitiva, es común que carezcan de una empatía a nivel emocional lo que les impide conectarse con el sufrimiento que están generando.

¿Cuándo esta temática pasó a ser tomada en serio?

El bullying no es un fenómeno nuevo. De hecho muchos padres con hijos afectados recuerdan haberlo sido o haber presenciado casos de abuso emocional entre pares. Sin embargo hoy es mayor el nivel de información en la sociedad. Hay más conciencia a partir de casos trágicos que trascendieron tristemente; hemos pasado de verlo de forma natural o con humor a tomarlo en serio y darnos cuenta que implica un nivel de sufrimiento muy alto. El 2 de mayo se conmemoró el Día Mundial contra el Acoso Escolar (bullying), un tema que preocupa a padres, instituciones y docentes.