Los beneficios de comer en familia

Lic. María Jose Correa | Salud Mental Pediátrica 

En los estilos de vida tan acelerados que llevamos actualmente, muchos hábitos antes tan tradicionales se fueron perdiendo o modificando, el comer en familia es uno de ellos. Las comidas rápidas, la cantidad de actividades y variadas rutinas de cada uno de los integrantes de la familia hacen que este hábito se vea afectado.

Esta estudiado y comprobado que comer en familia en un ámbito armonioso, dándole importancia al ritual de sentarse en la mesa genera muy buenos resultados, tanto nutricionales como emocionales. Los jóvenes y niños que comparten repetidamente este hábito familiar desarrollan mejores conductas en otros ámbitos y previenen conductas de riesgo, además de otorgar muchas posibilidades y recursos para desarrollar contactos interrelacionares con otras personas. Comer en familia es muy beneficioso en cada una de las etapas de crecimiento de los hijos, en cada una de ellas, distintos factores y estímulos hacen que esta sea una actividad más que saludable.

Primera Infancia

Un bebe a los 8 o 9 meses, cuando ya logra mantenerse sentado, puede ser incorporado  a la mesa y el estímulo que le producirá compartir la escena familiar puede generar iniciativas tales como a imitar lo que ve, agarrar los cubiertos para intentar comer solo y además va a estar aprendiendo a relacionarse, a escuchar, a que le hablen, darle lugar al otro, comunicarse.

Escolaridad

Al estar acostumbrados a hablar y participar en conversaciones familiares, los niños desarrollan mucho más vocabulario que leyendo. Que sea un hábito, sentirse cómodo en el ambiente, que se acostumbre a hacer y responder preguntas y a escuchar y analizar, aumenta su autoestima y los lleva a tratar de buscar esa misma escena en otros ambientes, eso los lleva a generar vínculos con pares, docentes y otros adultos.

Adolescencia

Desde que comienza la pubertad, los hijos comienzan a independizarse, abandonan la dependencia que tienen por la familia y esta pasa a ser un sostén, mantener este hábito es una gran forma de acompañarlos en su camino a la adultez. Un adolescente que comparte las comidas con su familia en forma cotidiana, genera la posibilidad de sostener mayor fluidez en la comunicación y afianzar sus vínculos familiares, pudiendo esto ayudar con la prevención de trastornos de alimentación y conductas, y reduciendo el riesgo de adicciones.

Para los padres también resulta ser una actividad beneficiosa, compartir cotidianamente un momento distendido con toda su familia, conversar acerca de distintos temas tanto personales como generales ayuda a fortalecer lazos con sus hijos. Uno como Mama y Papa debe comprometerse a dar el ejemplo y hacer de esta una propuesta interesante y didáctica para los más pequeños, así como también un espacio de integración y conversación para los adolescentes, sin olvidarse de disfrutar y tratando de generar un ambiente placentero de convivencia. Es importante también dejar fuera de la mesa cosas que diluyan la conversación, la tecnología es hoy en día el principal distractor, tanto los teléfonos celulares como la televisión ponen muchas veces a la conversación en un segundo plano, haciendo perder el valor y el respeto que se le debe dar al momento.