El verano invita a disfrutar más tiempo al aire libre: vacaciones, playa, deportes, paseos y actividades recreativas. Sin embargo, este aumento de exposición al sol trae consigo el desafío de proteger nuestra piel. Cumple múltiples funciones vitales: actúa como barrera frente a agresiones externas, regula la temperatura, evita la pérdida de agua y participa en la respuesta inmunológica. Por eso, su cuidado es fundamental.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
El daño en la piel es causado principalmente por la radiación ultravioleta (UV) del sol, que varía según el lugar y el clima. Por otro lado, el uso de camas solares aumenta significativamente la probabilidad de desarrollar cáncer de piel.
¿Cómo podemos protegernos?
Es importante buscar la sombra, especialmente en los horarios de mayor radiación.
Se recomienda usar sombreros de ala ancha para proteger la cara, las orejas y el cuello, anteojos con filtro UV para resguardar los ojos, y ropa que cubra la mayor superficie posible de piel: las prendas de nylon y poliéster ofrecen un mejor factor de protección ultravioleta que otros materiales.
Otro punto fundamental es aplicar protector solar con factor 30 o superior, colocándolo media hora antes de la exposición. Debe reaplicarse cada 2 a 3 horas, o antes si hubo transpiración o contacto con el agua.
Sin embargo, el sol también tiene un efecto beneficioso en varias enfermedades de la piel, como la psoriasis, entre otras. Con prudencia y moderación, la vida al aire libre y la exposición controlada a los rayos solares es saludable.
Desde el Hospital Alemán, promovemos una mirada integral sobre el cuidado de la piel. Disfrutar del sol de manera responsable, incorporar hábitos de protección y consultar al especialista ante cualquier duda o cambio cutáneo son acciones simples que ayudan a cuidar la salud hoy y a prevenir enfermedades a futuro.