Cuando llega el invierno, solemos prestar atención a la prevención de las enfermedades respiratorias. Sin embargo, el frío también impacta en otro órgano fundamental para nuestra salud: la piel.
Margarita Larralde, jefa del Servicio de Dermatología, explica que las bajas temperaturas, el viento, la calefacción de los ambientes y los cambios bruscos entre el exterior y los espacios cerrados favorecen la pérdida de agua de la piel, alterando su barrera natural de protección.
Como consecuencia, es frecuente que aparezca sequedad, descamación, o enrojecimiento.
En personas con enfermedades dermatológicas como dermatitis atópica o rosácea, estas condiciones también pueden generar brotes o empeorar los síntomas.
Por eso, durante esta época del año es importante incorporar algunos hábitos simples que ayudan a proteger la piel y mantenerla saludable.
Es importante controlar tu piel durante todo el año, aclara Margarita.
Ante cualquier cambio brusco en la piel o de coloración en lunares, consultá con el Servicio de Dermatología.