febrero 2026

Hasta que suene la campana

Cáncer infantil: acompañar con información, contención y esperanza

Recibir el diagnóstico de cáncer en un niño produce un impacto emocional muy fuerte en toda la familia. Las rutinas cambian, los juegos se resignifican y la vida se llena de preguntas. Sin embargo, en medio de la incertidumbre, se abre un camino posible: la información clara, el acompañamiento cercano, el sostén emocional y la mirada esperanzadora, pilares fundamentales para atravesar cada etapa.

Hasta que suene la campana

La psicóloga Paula Cozzi, del equipo de Oncología Pediátrica, explica que el trabajo comienza desde el primer momento, con el diagnóstico, acompañando tanto al niño como a su familia.

“Es un proceso psicoeducativo: trabajamos junto a los médicos, aportando información y ayudando a que cada familia pueda comprender lo que está pasando, a su propio ritmo”.

Cuando los adultos logran sentirse informados y contenidos, esa calma se transmite a los chicos, que pueden afrontar el tratamiento con mayor seguridad.

En los niños, la comprensión se construye según la edad. Con los más pequeños se utilizan analogías simples de la vida cotidiana para explicar qué ocurre en su cuerpo, y el juego ocupa un lugar central. Jugar a “ser médico” con un peluche, dibujar o realizar actividades recreativas no son detalles menores: son herramientas que ayudan a familiarizarse con los procedimientos y a expresar emociones que muchas veces no pueden decirse con palabras.

En este camino, escuchar al paciente pediátrico es fundamental. Aunque hay procedimientos que deben realizarse, siempre se busca negociar la forma, el momento y permitir que el niño exprese lo que le pasa. Llorar, enojarse o tener miedo también forman parte del proceso. El objetivo es que no lo atraviesen solos, sino dentro de una red de cuidado: familia, médicos, enfermeros y profesionales de salud mental trabajando juntos.

Esa red tiene una meta clara y profundamente esperanzadora, la recuperación. “Trabajamos mucho con los chicos la idea de llegar a la meta, de tocar la campana”, menciona Paula.

Acompañar emocionalmente es, también, una forma de cuidar porque junto al tratamiento médico, la contención, la información y la presencia constante, los pacientes construyen un camino donde la esperanza tiene un lugar real y concreto.