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Los alimentos seguros evitan la gastroenteritis

Dra. Silvia Pedreira - Jefa del Servicio de Gastroenterología 

 

Tanto en chicos como en adultos, el verano es la temporada en la que más aparecen esos desagradables episodios de náuseas, vómitos, fiebre y dolor abdominal, médicamente conocidos como gastroenteritis. Lo mismo pasa con otra patología relacionada, la gastroenterocolitis, que se reconoce por causar inflamación intestinal y diarrea, a veces incluso acompañada de moco o sangre en la materia fecal. Con esa certeza estacional, los profesionales de la salud recomiendan varias medidas preventivas que hacen foco en la seguridad de los alimentos que se consumen en la playa, el club o la propia casa. «Es que a veces en verano algunos alimentos pierden la cadena de frío, o se comen verduras mal lavadas, y entonces es más frecuente que ahí se encuentren las bacterias que causan estas patologías», comienza a detallar la doctora Dra. Silvia Pedreira, jefa del Servicio Gastroenterología del Hospital. «Puede pasar con los yogures, los helados, las cremas… Todo lo que necesita refrigeración», explica la médica.

Aunque se parecen, dice que puede haber distintos responsables de estas enfermedades intestinales: «Tanto las gastroenterocolitis como las gastroenteritis se dan por una bacteria o un virus, o por las toxinas que éstos despiden en el cuerpo». «Es que, en verano, el calor predispone a que las bacterias se multipliquen mucho más rápido». La doctora Pedreira deja claro también que alguno de estos síntomas puede mostrar una enfermedad parecida , pero no exactamente igual : «Hay gastroenterocolitis provocadas por una ingesta mayor de hidratos de carbono o por un mayor estrés y no por una bacteria; las diferenciamos porque no provocan fiebre». «Pero esto pasa por comer demasiadas facturas, pizza o pastas, – todos llamados hidratos de carbono- y no tiene nada que ver con el efecto del verano», aclara.

Mediática y dañina

A esta altura un nombre conocido cuando en los noticieros de televisión se habla de denuncias de intoxicaciones en comedores de colegios o cadenas de «fast food», la doctora Pedreira cuenta que la Escherichia coli efectivamente fue responsable de epidemias de gastroenteritis (y del temido Síndrome Urémico Hemolítico) en chicos. «Esto pudo ocurrir porque algún portador de Escherichia lo transmitió a la carne con la que se fabricó ese lote de hamburguesas. Porque no pasó con todas las que se vendieron», asegura. «Es que hay momentos en el año en que -en ciertos países y ciudades- se difunde más. Y no es exclusiva de las hamburguesas: a veces está en los alimentos balanceados con que se alimenta a los pollos». En esa línea, la responsable de Gastroenterología da cuenta de las razones científicas de por qué gente que ha comido lo mismo se enferma de gastroenteritis y otra no: «Depende de la interrelación entre el paciente y la bacteria, el virus o la toxina: hay quienes tienen mayor defensa en su tubo digestivo que otros, mientras que otros son más susceptibles».

Pero hay más, continúa la especialista: «También pasa que la cantidad de bacterias o virus que entraron en un paciente no es la misma que la que entró en otro. Incluso, aunque los dos hayan comido lo mismo, la parte donde había más toxinas le ‘tocó’ a uno y no a otro». Y agrega que si una persona recibe una bacteria en menor grado que otra puede no llegar a tener fiebre, aunque está enferma.

Más allá de las variantes de estos distintas «dolores de panza» que es necesario tratar, alejarse de ellos es posible si se toman algunas medidas: consumir alimentos bien refrigerados y menor cantidad de hidratos de carbono, bajar el stress y -sobre todo- tener una buena hidratación oral.